Mi perro me
lo dijo, me dijo que parecía tonta. Que
ya se aburrió de mí y que ya no soporta mis ronquidos. Dijo que se sentía mucho
más a gusto sin mi compañía y que se tenía que ir. Le salieron unas alas como mariposa y voló a través
de la ventana, el sol alumbraba rojo y afuera olía a lavanda.
Empecé a
llorar por su partida y mis lágrimas al juntarse se convirtieron en un mar. Yo
nadaba y luchaba por llegar hacia la
balsa que se encontraba a unos metros de mí. Recuerdo que nadé hasta cansarme,
pero mis brazos agotados no pudieron hacer más por mí y me sumergí entre
aquellas aguas.
Estaba
oscuro y aparecí dentro de un ataúd, los colores grisáceos de aquél lugar no me
permitían ver los ojos verdes de mi madre quién lloraba a un costado de mí. Mi
perro no estaba ahí. Repentinamente empezó a temblar el mundo en el que había
entrado y la casa donde me velaban se sacudía de un lado a otro. Las pocas personas
que estaban ahí dentro empezaron a correr
y yo quería correr tras ellos.
Me levanté
y corrí hacia la puerta frontal de aquel lugar. A pesar de que al levantarme
deje mi cuerpo sobre aquél ataúd, dejó de importarme y corrí lo más rápido que pude
según yo para escapar y estar a salvo. Abrí la puerta y entro a otro mundo, era un
cuarto de hotel. Habían 12 espíritus
alrededor los cuales disfrutaban
de una orgía entre ellos todos.
Cada uno
tenía un símbolo tatuado en su espalda de color bronce. Quería regresar pero la
puerta ya no estaba más. Ellos sabían que yo estaba ahí así que uno de ellos se
pone de pie y se acerca a mi diciendo:
-Toma estas
12 monedas y compra el mundo. Vi que su
tatuaje representaba a Leviatán y tuve miedo cuando me miraba a los ojos.
Giré mí
mirada a mí alrededor y estaba sola. Solo logré ver que las sombras que
representaban cada uno de los que estaban ahí corrían de un lado a otro escondiéndose
entre los 12 retratos blancos que estaban en la habitación. Cerré mis ojos y al
abrirlos nuevamente me encontraba sola. Me acerco a cada uno de los retratos y
ya no estaban blancos, en cada uno de ellos estaba la imagen de mis más grandes
temores que expresaba mi conciencia al máximo. Mi preocupación era encontrar mi
perro. A lo lejos en una de las esquinas escuché el sonido de monedas caer,
nunca había escuchado algo tan deleitante para mis sentidos. Tomé una moneda y
al observarla veo que esta simbolizada por una pirámide y en la cima de la
misma una serpiente. Sentí la moneda caliente como si me quemase la mano y la
deje caer, la cual al tocar el suelo abre un hoyo en la habitación. El hoyo era
cada vez más grande que ya no tenía espacia donde estar de pie. Mi pie resbala y caigo sobre un abismo.
Recuerdo
haber caído alrededor de unas dos horas en tiempo humano hasta que mi cuerpo
atropelló el suelo muerto de aquel mundo sobrenatural. Mi perro ladraba, yo corría
y luchaba no se en contra qué fuerzas pero quería llegar donde mi perro estaba.
Una luz
amenazante sale entre el suelo de huesos que había frente a mí en aquel lugar. Del cielo veo caer otra luz, pero esta era
brillante como la sonrisa de mi madre, me inspiraba paz y me sentía protegida
por ella al verla. Poco a poco se iba formando una escalera con las nubes que salían
del cielo hasta tocar el mismo suelo que yo tocaba.
De entre
los huesos empiezan a salir almas en agonía que se gozaban al ver la luz que
alumbraba su mundo en tinieblas. Todos corrían hacia la escalera y querían subir
al ver que del hoyo que estaba en el suelo salían siluetas oscuras atrapando
las almas. Yo corría tratando de no quitar mi mirada de la luz que me
confortaba y procurando no ver a mí alrededor para no tener miedo. Finalmente
mi pie derecho pisa la escalera y empiezo a subirla lo más rápido que pude. Yo
lloraba, tenía miedo a pesar de saber que ya estaba a salvo, al menos en ese
momento. “No volví a ver a mi perro”
Al fin
llegue a la cima de la escalera, ya estaba cansada y hambrienta. Me desmayé y me golpeé muy fuerte la cabeza.
Estaba
decepcionada al ver lo que mis ojos miraban…
Continuará...
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