Estaba
decepcionada al ver lo que mis ojos miraban.
12 puertas frente a mí y cada una tenían un
guardián. Sus rostros eran los mismos que vi en aquella habitación. Cada uno
tenía un candelero de oro en sus manos. Uno de ellos se acerca a mí y me dice:
-Toma estos
12 candeleros y llévalos a la cima de aquella montaña cuando el sol brille y
dejaré que entres en una de las doce puertas. Decía señalando con su dedo la montaña que tenía
que escalar.
Cada uno de
los guardianes se acercaban a mi entregándome cada candelero que yo al tomarlos
con mis manos se desvanecían entre ellas convirtiéndose en luz en mi interior.
Cada candelero me daba una luz diferente. Recuerdo que el último candelero
tenía un color índigo dándome paz y seguridad. Antes de partir me dieron una
espada para luchar, por alguna razón ya no tuve más miedo y me dirigí a la
montaña y logré ver que era la más alta entre todas.
En aquel
largo viaje me tocó muchas veces luchar contra fantasmas de mi pasado, me
tocaba pelear a espada conmigo y era extraño verme frente a mí y saber que no
era yo. Fue muy doloroso asesinarme frente a mí misma. Llegué a la cima de la
montaña aún cuando la noche estaba puesta, las lunas de aquel mundo colgaban
como gajos de uvas.
No sabía
que hace, ya había llegado a la cima ¿Y ahora qué?
Una noche
de aquél mundo eran siete mías ya que tenía que esperar a que cada luna
alumbrara individualmente y se luciera sí misma. Habían 9 lunas. Fueron siete
noches de aquel mundo y 63 noches mías y tenía que esperar a que el sol
saliera. Perdí la noción del tiempo, ya no sabía por cual luna iba, cuando de
repente siento una inquietud en mi cuerpo y empiezo a sentir dolor y ardor en
mi mano derecha, la veo y una pirámide resplandeciente con una serpiente en la
cima empieza a brillar en ella. El dolor me hizo caer al suelo y por primera
vez mis ojos vieron salir el sol tan cerca de mí. Después de siete noches de
aquel lugar finalmente logro ver el sol salir entre las nubes dando destellos
de sí mismo. Al reflejarse en mí se
paralizó aquel mundo paranormal en el que había entrado.
Grité
fuerte mientras luces de diferentes colores salían de mi boca, eran 12 para ser
específicos. Levanté mi cara y vi aquellos hermosos colores detenerse en el
ambiente que me rodeaba. Entraban y salían de mi esta vez sin dolor y sin
preocupación, dejé que me transportaran a otros mundos mientras cerraba mis
ojos y sentía la vida nuevamente.
AL abrir
mis ojos, el sol era tan fuerte que no podía abrirlos. Me encontraba tirada
sobre la arena desierta de algún mundo paralelo. Empecé a caminar ya a pasos
derechos ya que a lo lejos en la parte central de aquél mundo caía una cascada de arena “Estaba dentro de
un reloj de arena” no encontraba explicación del porqué me encontraba en aquel
lugar así que me senté a esperar a que algo fuera de mi mundo pasara.
Me quedé
dormida, años luz después de una luna me desperté. “De polvo vengo y polvo
seré” yo era parte de aquellos granos de arena
dentro del reloj, no podía moverme humanamente pero podía estar en todas
partes siendo aquella misma. Lejanamente escucho mi perro ladrar, parecía ser
que lloraba. Sus ladridos eran como si se sintiese amenazado. Quería levantarme
y correr tras el al ver que una serpiente gigante lo atacaba.
Una luz
color índiga cae del cielo junto con mi espada golpeando fuertemente las
partículas de arena de mi cuerpo. Era humana nuevamente y podía correr tras mi
perro y defenderlo. Mi piernas eran dos veces más veloces de lo normal pude
sentir como volaba. Mi espada atraviesa la cabeza de la serpiente haciéndola caer
sobre la arena.
Giro mí
mirada a mi alrededor y nuevamente mi perro no estaba. Empecé a caminar donde
caía la arena pero cada vez era menos espesa, disminuía cada vez mas y mas.
Algo me decía que ya era tiempo.
Tomé mi
espada y pisé el último grano de arena que había caído. Todo empezó a temblar y
el mundo arenoso corría contra sí mismo girando a su derecha. Era hora de darle
la vuelta al reloj de arena…
Continuará…
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