Tomé una
por una entre mis manos y el contacto con las mismas era casi imposible ya
que estas me quemaban. Hubo un instante
donde ya no pude con ellas y al dejarlas caer, el suelo se rompe en mil pedazos
llevándome nuevamente al infierno. Mientras caigo trato de tomar las monedas con mis
manos ya que no quería perderlas. Al caer sobre aquél lugar, trato de
correr hacia la torre que estaba muy al fondo (Yo aún sostenía el cofre y las
monedas en mis manos) Al subir a la torre casi eternamente me hice vieja 40
veces, casi pasaron mil años cuando finalmente
llegué a la cima y me encuentro con el mismo Lucifer. Era tan hermoso
que nunca me imaginaría al demonio con esa semejanza. Después de una larga
charla con él, me comentaba sus planes
de maldad hacia la humanidad en los 9 diferentes planetas que se encontraban de
nuestra especie. Desde ese instante supe que no éramos los únicos.
Después de
unas cuantas conversaciones me preguntó por
“las monedas” y “el cofre” por
alguna razón él sabía el motivo de mi visita cuando yo ni sabía lo que le había
dicho hace 5 minutos. Yo le doy las 13 monedas sus manos mientras me pregunta: – ¿sabeis porque os das las monedas? – Yo
haciendo un movimiento con mi cabeza le digo que no. El empezó a explicarme.
Para ser sincera él fue muy cortés conmigo. Me comentó que mi misión en aquél
inframundo era comprar el alma de Virginia de Los Campos por medio de aquellas
monedas que representaban a cada uno de los demonios que la poseían. El
invoca cada uno de los demonios al tirar
una por una sobre una antorcha. – Veron. –Belcebú. –Apophis. –Kasdeya. –Leonard. –Mammon.
–Olisha. –Pyro. –Sonneillon. –Azidahaka. – Er Mo. – Hécate. – Karau. Ellos al verme se reían, reconocían mi rostro.
Rodeaban mi cuerpo haciéndome tener miedo. Lucifer les ordena irse echándolos al
fuego del infierno. Un espíritu blanco se acerca a mí disolviéndose al tocar el
cofre que estaba entre mis manos. (Era el alma de Virginia)
Finalmente
ya tenía el alma de Virginia de Los Campos y su hija entre mis manos y ahora mi
misión era reencontrarlas en algún mundo. Lucifer me dio una espada en mi mano
derecha. Dijo que yo necesitaría una
para luchar contra saetas y demonios si quería salir de aquél lugar, pero este
mismo al ver mi mano (con una Pirámide con una serpiente en la cima) sus ojos se tornaron negros tal cuales jamás había visto.
Lucifer me lanza hasta el otro costado de la torre. El ya no era tan amable y pasible
mas su rostro se convirtió en algo temible como nunca antes. El empieza a
atacarme y yo hacía todo lo posible por defenderme. Ambos luchábamos a espada.
En mi interior me sentía capaz de derrotar al demonio aunque sea en aquel mundo paralelo. El tiempo se me
hacía eterno cuando en realidad hablábamos de segundos.
Dana fue mi
fuerte para luchar, cuando de repente la espada con la que luchaba atraviesa el
pecho de Lucifer. Recuerdo haber cerrado mis ojos y al abrirlos estaba en
aquella habitación donde luchaba contra la bruja. Al dirigir mi mirada hacia abajo, era Dana quién estaba tirada
sobre el suelo con la misma espada que aparentemente le había atravesado a Lucifer.
Finalmente había derrotado a la bruja y a Lucifer pero de igual forma mi propia
mano mató a Dana. Yo lloraba mientras mis lágrimas inundaban aquél lugar. Segundos después me encontraba luchando por mi
vida en un río. Este mismo me arrastró hacia la orilla del bosque en el que me
había perdido en el principio camino a casa de mis padres. Yo estaba
desconsolada al no saber qué hacer con el cofre que tenía en mis manos así que
me dirigí hacia la sombra del árbol más frondoso para descansar cuando de pronto…
Continuará...
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