Por la tarde decidí caminar por los callejones oscuros, tome un bolígrafo negro, una hoja de papel manchada por café y me senté para observar pasar a la gente. Sobre la banqueta con mis lentes oscuros, con mi cabello recogido un poco despeinado enciendo un cigarro para llegar a un complejo profundo de la rutina. La gente me observaba, ellos sabían que eran el blanco perfecto de mi imaginación a proa. Mucha gente pasaba por ahí, pero nadie se percataba de su alrededor. La preocupación diaria del cómo vivir evita la mirada sobre algo abstracto y factible para los ojos del alma. Unos caminan como si l tuvieran todo aparentemente a miradas ajenas, lucen como si la situación economica no les afectara en lo absoluto. Otros lucen como enfermos mentales nadando en círculos sobre la rutina diaria, parecen como zombis preocupados si el siguiente paso será esa chispa divina sobre una fe que no muere. Me detuve un momento y veo hacia arriba, una pareja se besaba sobre el balcón de una habitación de hotel, lucían felices y como si el mundo fuera de su imaginación o aquel poder irónico de evadir las preocupaciones no eran de su mayor importancia. A mi izquierda podía observar a un grupo de jóvenes, entre casi niños y adolecentes, despreocupados gastando su salario de vida, riendo demoniacamente siendo guiados por las ansias de quien de todos fumara mas de aquello que rondaba en círculos . Encendí otro cigarro pensando en ¿Qué día me mataría el consumo del mismo? Pero mi mente rápidamente cambia el tema haciéndome dirigir mi mirada hacia una anciana, se guiaba por un bastón maltratado con su mirada triste hacia los espectadores, parecía que a nadie le importaba aquella mujer con sus pocos cabellos blancos. Podría jurar que ni a ella misma le importaba su existencia, lucia cansada esperando el día eterno de su descanso. Sobre la calle un poco al fondo, ya casi saliendo de los oscuros y melancólicos callejones había una parada de autobús, gente subía mientras otros bajaban, cada quien a su destino siendo manejados por cuerdas flojas e hilos sofocantes. Siempre me pregunto ¿qué será de cada quien? ¿Habrá alguien que se siente sobre sí mismo a observar y al verme pregunte qué será de mí?
