Vitaa empezó a llorarle a un triste recuerdo que se localizaba donde ella dirigiese su mirada. Recordaba su sonrisa y aquel bello rostro que se reflejaba en aquel viejo espejo encontrado en el ático de la casa de su abuelo.
Aquél anciano creció en las afueras de los Alpes Francia, el cual también su hijo padre de Vitaa lo había hecho. El padre de Vitaa un francés alto, conocido entre los suyos y caracterizado por ser querido entre otros pertenecía solo a un buen recuerdo de Vitaa ya que lo único factible de su padre erase una tumba fría entre aquellos viñedos. Francisco abuelo de aquella niña que fue creciendo hasta ser toda una mujer ya era un hombre viejo. Sus parpados caídos y su mirada cansada lo delataban, era un hombre solo desde hace más de 20 años. Claudia la que habíase sido su esposa por tanto tiempo tuvo un trágico accidente mientras se dirigía al funeral de su hijo Flavio. Quedo viudo el mismo día que velaba a su único hijo. EL pobre anciano tuvo que acoplarse a la soledad y acomodarse en aquella gigantesca casa donde los únicos huéspedes eran Vitaa, El y un sinfín de recuerdos que habitaban y ambulaban en cada esquina. Vitaa no fue de mucha ayuda para su abuelo, ya que parecía ser que con el tiempo empezaba a volverse loca. Francisco a veces entraba a la habitación de su nieta por las noches para darle su bendición, pero poco a poco dejo de hacerlo ya que casi siempre encontraba a Vitaa enfrente del espejo cepillando sus cabellos con su miraba clavada en sí misma.
Siempre decía que quería encontrarse y que el espejo la ayudaría así que pasaba horas frente él, según ella para reencontrarse. Aquel anciano ya preocupado de la salud mental de su nieta empieza a buscar ayuda, ya que siempre la encontraba hablando sola en el espejo, también mas de unas cuantas la encontraba en la tina con sus venas cortadas. Don Francisco ya estaba cansado de luchar contra esa saeta que parecía atacarla muy frecuentemente así que decidió meterla a terapia en un hospital psiquiátrico en las afueras de Los Alpes.
Francisco con su mano temblorosa se dirige al teléfono que se encontraba en la esquina se su mesa para llamar al Hospital donde él sabía que podían ayudarla. Alguien se oculta tras la puerta mientras Francisco conversaba. Era Vitaa quien escuchaba que mañana por la mañana irían por ella para internarla en el Hospital Psiquiátrico. Sus ojos daban miedo mientras rechinaban sus dientes. Algo oscuro era percatable para los sentidos.
Mientras aquel rostro viejo terminaba de hablar por teléfono, desconcertadamente dirige su mirada hacia la ventana, el viento soplaba tocando suavemente sus arrugadas mejías. Se sienta sobre su cama y toma el retrato de aquella mujer que seguía amando. Se sentía solo y atrapado entre aquellos años y el dolor de espalda que no le permitía ayudarse así mismo.
Poco a poco fue colocando su blanca cabeza sobre la almohada aquella que ha sido la victima de sus noches en vela llorándole a los días. Ya pasaban 20 minutos después de la 12:00 de la media noche, una mirada oscura se dirige hacia la puerta donde aquel cansado anciano dormía. Cada vez se acercaban mas unos pies descalzos entre aquel pasillo oscuro de la casa.
Nuevamente era Vitaa que se disolvía entre las horas de la noche quien abría la puerta y quien se acercaba a la cama de su abuelo. El cabello suelto largo y negro junto a una mirada muerta logra ver Francisco al abrir sus ojos. Parecía ser que le faltaba el aire y sus ojos mostraban miedo ante la presencia de su nieta.
Vitaa acaricia sus pocos cabellos blancos y le comenta que se sentía frustrada por el hecho de que no se encontraba dentro del espejo y que tenía miedo de estar perdida en alguna parte del universo.
Su abuelo no pronunciaba ninguna palabra, el miedo que sentía lo mantuvo paralizado como si estuviese amarrado a la cama. Podía sentir algo demoniaco que rebotaba de esquina a esquina en aquella habitación. Vitaa suavemente desliza su mano sobre aquellas sabanas blancas de seda hasta tocar la almohada donde su abuelo recostaba su cabeza, la toma entre sus manos viendo directamente a su abuelo a los ojos.
– yo puedo ayudar a encontrarte. – Dice su abuelo pronunciando sin aliento sus cortas palabras.
–Necesitas dormir abuelito y yo puedo ayudarte. – Responde Vitaa sonriendo de manera extraña.
Francisco cierra sus ojos abrazando el retrato de su esposa. Una lagrima se perdía entre las arrugas de sus ojos, Vitaa acerca la almohada a la cara de su abuelo quien paralizado no hizo ni el mas mínimo intento para luchar. Aquella mujer había matado a su abuelo, aquel anciano que daba todo por ella, aquel hombre que sin duda alguna siempre le hizo saber que la amaba y quien siempre quiso ayudarla. Aquel cuerpo no respiraba más pero una lagrima mas brota de sus ojos corriendo por su mejía siendo absorbida por aquella sábana blanca de seda al caer en la misma. Vitaa se acuesta sobre la cama abrazando a su abuelo quien aun mantenía su cuerpo cálido y tibio.
Al día siguiente Vitaa despierta a horas muy tempranas, caminaba hipnotizadamente hacia su habitación con su mirada neutra, sus labios pálidos y resecos. Se va acercando a su espejo y permaneció frente a el por más de una hora viendo sus ojos con la mente perturbada hasta que el sol saliera por aquellos bellos y contemplados Alpes de Francia.
Alguien toca la puerta pero nadie responde, los enfermeros que iban por aquella mujer fuera de control mental al ver la puerta abierta entraron a la casa. El primer paso que da José Ambrosio a la casa lo sintió frio y pesado haciéndolo sentir amenazado, sin ponerle atención a aquello que atacaba su paz no se detuvo y sube por las escaleras preguntando si alguien se encontraba en la casa, nadie responde… el silencio profundo atacaba los oídos de Ambrosio.
La tercera puerta de la derecha era la habitación de Vitaa por alguna razón ilógica Ambrosio quería dirigirse a ella. La perilla empieza a girar suavemente era Ambrosio quien la abría.
Unos ojos bien abiertos y unos pies colgando y que aun se movían es lo que logra ver. Ambrosio sintió miedo al ver a Vitaa colgada de su cuello a un lazo en una de las vigas del techo.
Ambrosio quería correr pero se sentía paralizado del miedo, el sentía algo oscuro dentro de aquella habitación en plena luz del día. Lentamente dirige su mirada hacia el espejo, aquel joven sentía pesados los pies para salir corriendo al ver el reflejo de Vitaa cepillándose el cabello dentro del espejo mientras lo observaba.
Rumores dicen que Bartolomé el otro enfermero quien se quedo esperando en la puerta nunca más volvió a ver a Ambrosio actuar normalmente. Suelen contar que aun se logra ver el reflejo de Vitaa sobre los espejos en aquella casa.
Vitaa nunca se imaginaria que se volvería loca hablando con ella misma en el espejo y que su espíritu quedaría atrapado en el mismo.
Me pregunto:
¿Se encontraría Vitaa con ella misma en el más allá?
A. De Leon
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A. De Leon
